“Volví a sonreír por mi hija”

Situaciones de mucho estrés pueden generar cambios notables en el organismo. En el caso de Paqui, los nervios ante la grave enfermedad de una de sus hijas le causaron varios quistes y una dentadura en muy mal estado. Fue ella, la que le contagió el coraje con el que afrontó su enfermedad, le ayudó a superar el miedo a someterse a una cirugía de rehabilitación oral y le permitió volver a sonreír de nuevo.

Dicen que el sufrimiento de un hijo constituye la tristeza más grande para una madre. Una sensación que en ocasiones no es sólo psicológica. El estrés generado puede reflejarse de múltiples maneras a nivel físico, puede ser el responsable de enfermedades y problemas sin que existan motivos de índole fisiológica que los justifiquen a priori.

Así ocurrió en el caso de Paqui, a quien la grave enfermedad de una de sus hijas le generó numerosos problemas a nivel bucal y digestivo. Con dos úlceras de estómago y otra de duodeno, necesitaba que la comida llegara muy triturada al estómago. Sus muelas también empeoraron, y «al final no podía masticar bien, por lo que mis digestiones eran muy pesadas y sólo comía cosas blandas», cuenta Paqui. La situación empeoró más si cabe con la aparición de tres quistes que empezaron a supurar pus. «Todos mis problemas partían de la situación que teníamos en casa. Vivía de los nervios y mi cuerpo lo estaba pagando». Al final, no tuvo más remedio que acudir al dentista. El centro escogido fue una clínica de Vivanta, la red de Odontología y Medicina Estética líder en Europa, en la localidad valenciana de Aldaia.


Source: Noticias sobre la Salud

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