Obesia

A los escritores nos chiflan los neologismos. Yo he acuñado nada menos que veintisiete topónimos para referirme a lo que antes de la articulación del Estado de las Autonomías llamábamos España. O yo, al menos, la llamaba así, como demostré en el subtítulo de mi descomunal «Gárgoris y Habidis». Luego regresamos todos por el cauce de una Constitución que ni voté entonces ni votaría ahora al putiferio de los Reinos de Taifas y los núcleos orientales y occidentales de la Reconquista y al cantonalismo y el ¡Viva Cartagena! de la Primera República, que fue casi tan dañina como la Segunda. En ello estamos y así seguiremos hasta que Vox empuñe las riendas de la nación. Pero me dejo de historias, nunca mejor dicho, y me vuelco sobre el hoyo de las agujas de esta columna. Uno de los topónimos a los que más arriba hice referencia es el de Obesia, que calza como una faja de mercería antigua a las tremendos tripones, mayormente masculinos, y a los enormes culazos, mayormente femeninos, que hieren la sensibilidad ocular de quien se arriesga a pasear por el callejero del país. Es cosa que siempre me llama la atención cuando vuelvo a España, digo, Obesia, desde remotas singladuras orientales, más allá del Bósforo, excepción hecha de los luchadores de sumo japoneses, apenas hay gordos, o simplemente, como ya he dicho, cuando salgo de mi cubil para dar una vuelta. ¡Madre mía! ¡Qué país de comilones! A los tres pecados capitales de sus indíigenas, que siempre fueron la envidia (o la aristofobia, como dijo Ortega), la pereza (baste pensar en la obsesión por los puentes festivos) y la ira (de guerra civil en guerra civil), hay que añadir otro: la gula. ¡A quién en su sano juicio se le ocurre comer dos platos, el segundo con guarnición, todo a fuerza de pan, y encima un postre! Agravantes de tan pantagruélico festín, que se repite por la noche, y no entre las siete y las ocho de la tarde, que es la hora en la que cenan las gentes civilizadas, son las tapas, el picoteo, las cervecitas y los tentempiés. Dicen los nutricionistas que conviene comer cinco veces al día. Lo que faltaba. Más topónimos: Jamonia, Gambonia, Croquetalandia, Tocinópolis… Las mujeres engordan en forma de pera (de ahí sus mapamundis traseros) y los hombres en forma de manzana (de ahí su esfericidad abdominal), pero ambas metamorfosis conducen al mismo resultado: la obesidad, punto de ignición de la mayor parte de las enfermedades. Coman menos, amigos, y vivirán más y mejor.


Source: Noticias sobre la Salud

Autor entrada: admin