La minería amenaza las reservas de arena

Es el segundo recurso más explotado de la tierra, sólo por detrás del agua, y aunque lo demos por descontando cuando vamos a la playa o al parque, lo cierto es que la arena también es un recurso finito. «Se utiliza en construcción para hacer el hormigón y asfalto; para extraer gas y petróleo a través de la técnica de fractura hidráulica o fracking; para reponer la arena de la erosión de las playas, el vidrio de las botellas, los chips de los ordenadores… y las recientes inundaciones de India, Nepal o los huracanes no hacen más que aumentar la necesidad de arena. Para cada aplicación se necesita un tipo diferente de arena y aunque parezca que hay mucha no hay tanta que sea apta», explica Aurora Torres, investigadora del Centro para la Investigación Integral de la Biodiversidad. Esta madrileña es coautora de un reciente estudio publicado en la revista «Science», que recopila toda la documentación existente hasta el momento y que los investigadores consideran «el primer paso hacia la alerta internacional sobre la sobreexplotación de este recurso y los problemas que está causando… como cuando se empezó a hablar de la deforestación. Es cierto que ha habido mucha información en prensa este año, pero falta un esfuerzo científico», matiza Torres. Y es que su propia investigación comenzó viendo los impactos que la construcción de infraestructuras tenía en el entorno inmediato, hasta que se dio cuenta de la necesidad de analizar con su grupo qué pasaba en los lugares de origen de los materiales usados.

El problema de escasez de este recurso se verifica cada vez en más lugares, aunque, como dice la investigadora, «a nivel global faltan datos. El negocio de la arena ha sido tradicionalmente local, pero en los últimos años el comercio internacional ha aumentado», explica la Torres. De hecho, su valor comercial se ha multiplicado por seis en los últimos 25 años, según una publicación de Naciones Unidas de 2014. Cada año entre 47 y 59 mil millones de toneladas son excavados de canteras y ríos; de ellos entre el 68 %y el 85% es arena y grava para construcción, su principal industria consumidora. «Cada año se utiliza aproximadamente el doble de la cantidad anual de sedimentos transportados por todos los ríos del mundo. Esto convierte a los humanos en el mayor agente transformador del planeta respecto a estos materiales», dice el informe. La conclusión de la ONU ya en 2014 era clara: la minería en ríos, playas y fondos marinos excede la capacidad de reposición del material en la naturaleza.

Según datos publicados por «The Economist», de las 1.370 millones de toneladas de arena extraída en 2016, el 70% se utilizó para construir en Asia. Es allí y en África donde se están verificando los mayores problemas con las reservas, ya que es donde más se está urbanizando y donde hay menos control legal. «Los que más importan ahora mismo son Singapur (que ahora es un 20% más grande que en 1965), Hong Kong y Emiratos Árabes, ya que la arena del desierto es demasiado fina y no es buena para construir. Se trata de lugares con un crecimiento muy rápido o que están ganando espacio al mar. De hecho, en Dubai se intentaron crear con la arena del desierto varias islas artificiales pero se las tragó el mar. «Una vez esquilmadas sus reservas del fondo del mar se hicieron importadores; la arena del edificio Burj Dubai se llevó de Australia», explica Torres. En China, con la construcción de Shanghái comenzó la extracción de la arena del lago Poyang, la reserva de agua dulce más grande del país. Ahora se saca de aquí un 10% de la arena que se usa en todo el país. Otro ejemplo de la gravedad de lo que está sucediendo en todo el mundo llega de Vietnam. El Ministerio de Construcción hacía públicos los siguientes datos antes del verano. Se espera que su demanda aumente un 40% para 2020, es decir, necesitarán 2.300 millones de m3 cada año y sus reservas alcanzan sólo los 2.000 millones. Ante la falta de recursos propios en pocos años, el gobierno de ese país se está planteando importar este recurso de Camboya, además de acabar con la extracción ilegal (según medios locales sólo en 2016 la policía descubrió 151 casos de ilegalidad).

Y es que la minería de arena no sólo produce alteraciones geofísicas en los ríos y las costas, causando erosión, sino que altera el habitat natural de numerosas especies animales. Otra de las consecuencias del transporte de arena, además de las emisiones derivadas, es el movimiento de especies invasoras que cruzan fronteras sin ser detectadas entre los granos. «También se está vinculando la erosión en playas con tormentas, inundaciones y tsunamis en Asia y África» afirma la publicación de «Science». Con la extracción, incluso, se generan problemas de salubridad y de abastecimiento: en los huecos que dejan las excavadoras cerca de las orillas se crean piscinas de agua en las que proliferan los mosquitos y la malaria. También aumenta la frecuencia y volumen de entrada del mar a los acuíferos con lo que se pierden fuentes de agua dulce.

Sáhara occidental

Un recurso tan accesible y tan difícilmente regulable a nivel global también trae consigo la aparición de actividad ilegal o cuanto menos cuestionable en todo el mundo. Las mafias de la arena en India están acusadas de estar detrás de la muerte de cientos de personas; según «The Times of India» el mercado ilegal de arena alcanza los 2.300 millones de dólares cada año. Sin embargo, tampoco hay que irse muy lejos para ver los problemas que se derivan de la extracción y el comercio de arena.

Esta primavera llegaba a Palma de Mallorca un barco, el Southwest, cargado con 35.000 toneladas de arena procedentes del Sáhara Occidental, según explica Paloma López, eurodiputada de Izquierda Unida. «Se han registrado dos preguntas ante la Comisión Europea. Una por este asunto y otra por la remodelación de la playa de Tauro, en Gran Canaria, para saber si se conoce que la arena (unas 70.000 toneladas) procede de los Territorios Ocupados del Sáhara Occidental. Creemos que se está vulnerando la sentencia de 21 de diciembre de 2016 del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) y del Derecho Internacional aplicable a los territorios pendientes de descolonización, que establece que la entrada de productos saharauis en la Unión Europea no puede hacerse sin el acuerdo del pueblo saharaui y sin que los ingresos vayan en su beneficio», explica López.

«Este verano ha habido un movimiento fuerte de rechazo a dos barcos con arena y se consiguió una declaración unánime del Parlamento Balear contrario al expolio de la arena. El primer barco acabó descargando. El segundo tuvo problemas. En cuanto a Canarias, tradicionalmente se sabe que las islas traen arena del Sáhara Occidental comprada a Marruecos, para rellenar las playas, para la construcción y las obras públicas. Desde 2016 se construye el complejo residencial Anfi Tauro, donde se ha regenerado una playa artificial con arena del Sáhara Occidental. Las instituciones no hacen nada por evitarlo», explican desde la organización internacional Western Sahara Resource Watch, que denuncia la explotación de recursos saharauis y vigila desde 2008 los desembarcos de arena en Tenerife y Las Palmas. Según la prensa local se han llegado a exportar de El Aaiún hasta 500.000 toneladas de arena anuales.


Source: Noticias sobre la Salud

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