Europa rastrea el contaminante de los antiácidos en centenares de fármacos

Una nueva retirada de fármacos ha hecho saltar las alertas. Una impureza en un excipiente empleado en las moléculas de ranitidina. En concreto, se trata de la nitrosamina, que responde a la nomenclatura química de dimetilnitrosamina (NDMA, por sus siglas en inglés) y que se considera como posible carcinógeno humano según estudios realizados en animales en el laboratorio. Desde la FDA y la EMA, las agencias reguladoras de los medicamentos en Estados Unidos y Europa, respectivamente, han lanzado de forma unísona un mensaje de tranquilidad, pero a la vez de advertencia, de que este tipo de sustancias han de ser eliminadas de los fármacos en los próximos años.

Ana Molinero, miembro de la junta directiva de la Sociedad Española de Farmacia Familiar y Comunitaria (Sefac), aclara que «se trata de una medida cautelar, porque no se ha pedido que se recojan los dispensados. Constituye un problema que es global y que viene de las agencias reguladoras, que han encontrado la presencia de las nitrosaminas a modo de trazas y hay que ver cuál es su efecto en el ser humano, ya que de momento sólo se ha demostrado in vitro». En este sentido, el Comité de Medicamentos de Uso Humano (CHMP) de la EMA lanzó hace una semana ocho recomendaciones para la industria farmacéutica en la revisión de las nitrosaminas y ha fijado el plazo en 2022, ante la sospecha de que encuentren trazas en la composición de centenares de medicamentos.

Nitrosamina: efecto cancerígeno

De momento, se pide calma porque la relación entre las nitrosaminas y el cáncer se basa en estudios en animales en un entorno clínico. «No se puede dejar de tomar la medicación porque sería contraproducente, además, desde la Aemps (Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios) dejan claro que la cantidad hallada en los fármacos es mínima como para tener una repercusión directa en la . Se retiran por prudencia. Lo mejor es que se consulte al médico y se miren las otras opciones terapéuticas que hay», explica Ana Aliaga, secretaria del grupo de trabajo de Gestión del Medicamento, Inercia Clínica y Seguridad del Paciente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen).

Escasos son los estudios que vinculan el efecto de la nitrosamina como agente cancerígeno en humanos. Este compuesto está presente en alimentos y en el agua, y lo que tratan de averiguar los investigadores son los niveles mínimos de exposición a partir de los cuáles es dañino para la . Desde la EMA, han puesto en marcha los mecanismos del artículo 31, que hace referencia a la seguridad, eficacia y calidad de los productos en el entorno de la farmacovigilancia y aseguran que van a tomar medidas para que esto no se vuelva a repetir, aunque en la memoria a corto plazo todos recuerdan el caso de los «valsartanes» y el goteo de su retirada.

Por ello, la agencia danesa del medicamento publicó en «The British Medical Journal» un trabajo en el que no encontraban evidencias del efecto cancerígeno del NDMA contenido en los antihipertensivos tras el estudio de 5.150 pacientes de más de 40 años sin un diagnóstico de cáncer previo. Basado en el análisis del medicamento tomado y la dosis, se clasificaron por la exposición a la sustancia nociva contenida en el excipiente y no registraron casos de detección tumoral. Aún así, aseguran que se precisan más trabajos que avalen su conclusión.

Pese a todo, Luis Bujanda, presidente de la Asociación Española de Gastroenterología (AEG), asegura estar «sorprendido» por ser «un medicamento que llevábamos consumiendo muchos años, aunque su uso está decreciendo. Es uno de los clásicos, tiene más de dos décadas en el mercado y con muy buena eficacia».

¿Para qué sirve la ranitidina?

Como explican desde la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD), la ranitidina es un fármaco inhibidor de la secreción ácida gástrica que se utiliza fundamentalmente para la enfermedad por el reflujo gastroesofágico, la úlcera péptica y la dispepsia. Actualmente se están usando, para las mismas indicaciones, otros fármacos como el omeprazol, lansoprazol, pantoprazol, rabeprazol y esomeprazol –los denominados inhibidores de la bomba de protones (IBP)–, que tienen una potencia para inhibir el ácido superior a la ranitidina, así como a su grupo terapéutico (los antiH2).

«Estos fármacos son muy buenos para controlar el ácido que nuestro estómago produce para ayudarnos a asimilar los alimentos, pero que también pueden producir daños en éste como úlceras o el reflujo, causando la sensación de ardor – señala Bujanda–. Los antiácidos como la ranitidina son muy eficaces para controlar el ácido y un arma de primer nivel» frente a este tipo de problemas.

Además, se trata de enfermedades muy comunes. Así, en el caso del reflujo afectaría a entre el 10-12% de la población, la dispepsia a cerca del 10% y la úlcera (ya sea esta gástrica o duodenal) a alrededor del 1%. Sin embargo, y aunque la prevalencia de estas patologías es alta, el uso de ranitidina no lo es. Esto se explica por la aparición de los inhibidores de la bomba de protones –más potentes que éste antiácido de los que se calcula que hasta el 20% de la población los consume–, lo que dejó al medicamento en un segundo plano. «Poca población la emplea ya, pues fue borrada del mercado por el omeprazol y sus derivados», asegura el presidente de la AEG. Si bien en los últimos tiempo ha habido un pequeño repunte en base a la «mala prensa» de surgida hace unos meses a propósito de los supuestos efectos secundarios de los IBP de última generación, algo, en opinión del experto, derivado de su altísima popularidad y de la automedicación lo que conlleva un consumo excesivo.

Así, salvo en escasas ocasiones, como cuando se hace la prueba del aliento a las personas a las que se les ha tratado del Helicobacter pilory (en las que se prioriza el uso de ranitidina frente a los IBP porque interfiere en los resultados), o en los que hubiera algún tipo de contraindicación asociado a su uso, la ranitidina tendría un «reducto muy limitado». Para que nos hagamos una idea, cuenta Bujanda «si en el último mes he visto a unos 600 pacientes, sólo se lo habré indicado a uno».

Mayor seguridad

El experto llama también la atención sobre la calidad de los medicamentos: «La batalla de los precios con los genéricos lleva al desabastecimiento y, a veces, no se sabe de dónde viene, porque lo hacen de terceros y cuartos países… Abaratar está bien, pero también hay que prestar atención a los controles de seguridad, sobre todo en los productos sanitarios. Es un peligro que corres. Si bajas la calidad y vas a precio tienes más riesgo y eso hay que asumirlo». En el caso de los antihipertensivos, las trazas de la sustancia asociado al riesgo cancerígeneo procedía de una fábrica de excipientes en China. Hoy el 80% de las materias primas para fabricar moléculas proceden del gigante asiático e India, aunque tienen que pasar los controles exigentes de la Unión Europa, que investiga en profundidad qué ha podido ocurrir en todos los lotes retirados hasta el momento, dado que es un problema mundial.

Otro nuevo caso «valsartán»

Lo sucedido con la ranitidina recuerda mucho al que se vivió a finales de 2018, principios de 2019 con otro principio activo, con las familias de antihipertensivos, conocidos como valsartán. Primero se retiraron unos lotes en las farmacias, luego otros… fue un goteo continuo hasta que se consiguió eliminar del acceso a los pacientes a todas las moléculas «infectadas» con la impureza de una variante de la NDMA que respondía a n-ntrosodiethylamine (NDEA), considerado también un desencadenante de cáncer. Con el tiempo, la investigación encontró que ambas estaban presentes. Los laboratorios las han borrado la contaminación de sus excipientes y desde Europa se espera a la resolución final, a punto de llegar, por parte de la Comisión Europea.


Source: Noticias sobre la Salud

Autor entrada: admin