El plan de Israel para salvar el mar de Galilea

Hice la tradición cristiana que fue aquí, en el mar de Galilea o lago de Tiberíades, donde Jesús caminó sobre las aguas; donde el Mesías para unos y apóstata para otros, realizó milagros como la multiplicación de los panes y los peces o donde se apareció a sus seguidores tras resucitar. El lago bíblico, llamado Kineret en hebreo, representa además la mayor fuente hídrica superficial del país y el problema es que está desapareciendo; su nivel de agua baja irremediablemente cada año, mientras emergen diversas islas en su interior. Y las consecuencias son graves debido, precisamente, a que se trata de una de las pocas reservas naturales de agua dulce con las que se cuenta en la zona. En octubre de este año, la Autoridad del Agua de Israel advertía de los niveles peligrosamente bajos de esta laguna.

La situación es alarmante incluso a pesar de que actualmente el 80% del agua potable que se consume en Israel proviene de la desalinización: «El 5% del agua dulce del país proviene de aquí, el 15%, de los acuíferos y el 80% del agua que se utiliza para beber proviene de las cinco plantas desaladoras construidas. En dos años, con las construcciones en desarrollo se llegará al 90%», dice el portavoz de Mekorot sobre un mapa gigante en el suelo de una de las plantas de tratamiento. La empresa pública es la única que gestiona el agua en el país. Sin embargo, hay que tener en cuenta que de este lago «salen cada año unos 50 millones de m3 de agua que se sirven a Jordania y a la Autoridad Nacional Palestina, en virtud a los acuerdos de paz. Mekorot cuenta, además, con una presa que libera cierto volumen desde el mar de Galilea para alimentar el Muerto, que también está desapareciendo. Si en 2004 se vertían 500 millones de m3 de agua, en el año 2017 la cantidad fue sólo de 12 millones. Una de las razones es que el lago Tiberíades se seca; otra que ahora contamos con otras fuentes como al agua desalada», explica el portavoz.

¿Por qué desaparece?

Un reciente estudio de la Universidad Ben-Gurion, publicado en la revista científica «Science of the Total Environment», apunta a varias causas, además del calentamiento global. «Los factores climáticos por sí solos son inadecuados para explicar la reducción récord del Mar de Galilea. No encontramos tendencias decrecientes en el flujo de entrada de las aguas del Alto Jordán, ubicadas principalmente en el Líbano y el norte de Israel», explica en el estudio Jonathan Laronne, del departamento de Geografía y Desarrollo Medioambiental de la universidad y autor del estudio. Además de los últimos cinco años de sequía, la peor del siglo desde que se toman medidas en 1920, es la agricultura la principal causante del descenso del volumen de agua. Y eso a pesar de que Israel es uno de los países que utiliza la llamada siembra de nubes para aumentar las precipitaciones en época de lluvia. Consiguen que éstas aumenten hasta un 5%; el problema es que no llueve.

Para entender la relación del país con el agua, baste pensar que un 80% del territorio es desierto o zona árida y que lo importante es garantizar un recurso de calidad que para nada es obvio y con una población que crece a un ritmo de un millón cada diez años. «En otros países de la zona hay agua de grifo dos horas al días; aquí no se recuerdan las últimas restricciones», matiza el representante de la planta. Además, hay que tener en cuenta que el 80% del recurso se recicla y se utiliza para la agricultura (España es el segundo país del mundo, tras Israel, que recicla agua para riego). «La disminución en la descarga del río Jordán corresponde a una expansión de la agricultura de regadío, la duplicación de las tasas de bombeo de agua subterránea dentro de la cuenca y el aumento del área de aguas estancadas. Si bien las temperaturas crecientes pueden aumentar la evaporación. Los resultados demuestran que la restauración del nivel del Mar de Galilea requerirá reducciones en el bombeo de aguas subterráneas, desviaciones de aguas superficiales y consumo de la misma por la agricultura de regadío», termina el estudio de la universidad.

Porque no es sólo que disminuya el volumen, sino que al mismo tiempo aumenta la salinidad del agua del que se sirve la población cercana y el Acueducto Nacional, que mueve el agua por una compleja red de tuberías, por ejemplo, hasta el mar Muerto, también en claro declive. «Una de las decisiones de las que se encarga la empresa pública es de decidir el caudal de agua que sale cada año del lago», matizan desde Mekorot.

El Gobierno del país ha desarrollado a lo largo de los años un sistema de tuberías, canales, túneles y estaciones de bombeo que se completaron alrededor de los 60, y que fueron diseñados para transferir agua desde el mar de Galilea a la principal área urbana costera alrededor de Tel Aviv y al Néguev, en el Sur del país y a unos 90 km de esta planta. Es allí donde se encuentra la casa de Ben-Gurion, uno de los artífices del Estado, quien quiso ir a vivir a este desierto, a uno de esas decenas de kibutz (concretamente el de Sde Boker) que desde principios del siglo XX inundaron la zona. Su sueño, el de convertir en habitable las zonas más áridas y «hacer florecer el desierto», sigue tan vigente hoy como hace 80 años. Ahora ese agua que alimenta el Néguev proviene principalmente de las desalinización.

Para terminar de dibujar el difícil panorama, hay que tener en cuenta que los cuerpos de agua que discurren por la zona están interconectados con tres vecinos: Siria, Líbano y Jordania. Para salvar esta reserva de agua dulce, el Gobierno planea la construcción de dos plantas desaladoras. La Autoridad del Agua acaba de destinar 300 millones de dólares para empezar a bombear cien millones de metros cúbicos de agua desalinizada cada 12 meses en unos cuatro años, según informan medios locales. También para alimentar el Mar Muerto hay un plan sobre la mesa de desalinización en el mar Rojo en cooperación con Jordania.

Por último, hay que considerar en estos días post Cumbre del Clima, el gasto energético que provocan las desaladoras, en un país que cubre, a día de hoy, sólo un 5% de su demanda con renovables. Una ecuación que tendrán que resolver en el futuro sobre todo si quieren doblar su capacidad desalinizadora para 2030 como parece estar previsto.


Source: Noticias sobre la Salud

Autor entrada: admin