Bancos de semillas: El 30% de las plantas no pueden conservarse en la red de semilleros

Tan antiguo como cosechar es el hecho de guardar parte de la mejor semilla para el año siguiente. La conservación de la diversidad genética tuvo un antes y un después con Nikolái Vavilov, genetista ruso que fundó la primera colección de germoplasma en 1921 (irónicamente él murió de hambre en la cárcel y durante la II Guerra Mundial, el banco fue custodiado por 13 científicos que también murieron de hambre por salvar las semillas). Con una población en aumento y una tierra finita y un recurso hídrico amenazados por el cambio climático, la idea de almacenar las semillas para conservar la biodiversidad cobró especial interés a partir de los 60 cuando cada país quiso contar con sus propios bancos de germoplasma: años más tarde apareció la idea, ratificada por la FAO, de las semillas como bien global común y de la importancia de los bancos internacionales. En el mundo existen unos 1.700 bancos y de ellos 11 son internacionales y de lo más variado: así se cuentan desde el Centro Internacional de la Papa situado en Perú, que conserva 4.500 tipos de patatas hasta el Instituto Internacional de Investigación del Arroz (IRRI) situado en Filipinas y que cuenta con más de 200.000 variedades de arroz o el Centro Investigación Agrícola tropical que conserva en Colombia las colecciones de frijol o yuca y diversos forrajes y el centro de México que almacena la mayor colección de trigo y maíz del mundo.

«Gracias a la tecnología se han desarrollado plantas que resisten a la salinidad, las inundaciones o las sequías, fenómenos cada vez más abundantes. Para facilitar toda esta investigación en semillas se necesita conservar la diversidad en bancos. La cuestión de cómo se usan después tiene más que ver con las leyes que se desarrollen, pero es fundamental tenerlas archivadas», explica Luis Salazar, portavoz de Crop Trust, organización sin ánimo de lucro que lucha por salvar la diversidad de los cultivos. Según explica el técnico, la razón del cluster ha sido conservar a perpetuidad las semillas y hacerlo lo más cerca posible del origen de ellas. «Es cierto que en España también hay tipos de arroz pero sabemos que viene de Asia, por eso el banco internacional está allí. Ningún país es autosuficiente, de ahí la importancia de reservas internacionales de semillas de cultivos esenciales», dice.

Pero los bancos también tienen sus inconvenientes. Hace escasos días una publicación de la revista «Nature Plants» afirmaba que el 36% de las especies de plantas en peligro de extinción no pueden ser conservadas a través de bancos de semillas. En ese grupo se integran algunas de las especies más consumidas en el mundo y de importancia estratégica como el cacao, el aguacate, los cítricos, el café, el roble y el castaño. El estudio realizado por el Real Jardín Botánico de Kew sugiere como alternativa la criopreservación, lo que implica retirar el embrión de la semilla y usar nitrógeno líquido para congelarlo a 196 grados Celsius. Es lo que está intentando el grupo y, sin embargo, el método entraña una gran dificultad : «Es hacer lo mismo que cuando se conservan embriones humanos. El problema que tiene esa técnica es que es cara comparado con el almacenamiento en cámaras de frío, ya que para mantenerse a -196ºC el nitrógeno líquido tiene que ir evaporándose y cada cierto tiempo hay que ir reponiéndolo. Además el proceso de congelación y descongelación (sobre todo este último) es un paso crítico en el que si no hay protocolos desarrollados se puede producir la muerte de los embriones o meristemos», opina Jaime Prohens, director del Instituto Universitario de Conservación y Mejora de la Agrodiversidad Valenciana.


Source: Noticias sobre la Salud

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