Alejarnos de la epidemia de pánico

Estamos conectados con cualquier parte del planeta en cuestión de horas por medio del trasporte de mercancías y personas. Y en cuestión de segundos cuando se trata de la trasmisión de la información. La globalización favorece los brotes epidémicos y amplifica su alcance y rapidez. También la inmediatez e impacto con la que esa información llega a la opinión pública. Por lo que las autoridades sanitarias se ven en la obligación de lidiar con la epidemia real y la posible epidemia de pánico.

Hace poco más de una semana la OMS por el coronavirus 2019-nCoV declaró la emergencia internacional, y es bueno saber que esta categoría se utiliza cuando se produce un suceso extraordinario, como así ha sido la aparición de un nuevo coronavirus, con un riesgo que constituye un peligro de Salud Pública a otros países por su expansión internacional y que requiere potencialmente una respuesta internacional coordinada. Es decir, debemos entender que la decisión de la OMS se adoptó en aras de beneficiar la coordinación internacional, por lo que es una decisión positiva.

En el caso de España hay que subrayar que nuestro país tiene su fortaleza ante estas situaciones asentada en la garantía de un SNS público con cobertura universal y un buen sistema de vigilancia. Factores que deben contribuir a ofrecer tranquilidad. Al contrario, frente a una epidemia internacional son un grave riesgo la exclusión sanitaria, la falta de equidad, un mal sistema de vigilancia y la fragilidad y fragmentación de los sistemas de .

Además para evitar reacciones desproporcionadas, miedos poco justificados o incluso actitudes que rayan la xenofobia, debería bastar la transparencia y el rigor con la que el Ministerio de Sanidad y la OMS están trasmitiendo la información a través de los cauces oficiales. Por último, por contextualizar el impacto del coronavirus de Wuhan: su tasa de letalidad es del 2,2%, cercana a la de la gripe común con el 2%. Un porcentaje muy alejado de las epidemias también por coronavirus del SARS, síndrome respiratorio agudo severo, que alcanzó una letalidad del 9,6% en el 2003. Y la del MERS, síndrome respiratorio de medio oriente, de casi el 35% en 2012.

Sin pretender restar importancia a la situación, creo que sí es necesario hacer un análisis que nos aleje del pánico.


Source: Noticias sobre la Salud

Autor entrada: admin