Agricultura para la era de la conquista espacial

El hombre lleva unos 10.000 años cultivando sobre la faz de la tierra. Una destreza que nos ha otorgado el conocimiento necesario para sobrevivir como especie en el planeta. Pero cuando se trata del espacio, las experiencias agrícolas humanas son realmente escasas, a pesar del gran interés que tienen las principales agencias espaciales. Una futura misión a Marte o establecer nuevos asentamientos fijos más allá de la Estación Espacial Internacional (ISS) -por ejemplo en la Luna- supondría cargar cientos de toneladas de comida deshidratada y agua a bordo y «cada kilo que se sube al espacio supone un coste aproximado de 5.000 euros. Se puede enviar comida periódicamente a la ISS donde los astronautas pueden estar hasta un año. No está demasiado lejos, pero incluso ahí sería interesante producirla ‘‘in situ’’ en un futuro», opina José Eduardo González-Pastor, investigador del Departamento de Evolución Molecular del Centro de Astrobiología CSIC-INTA. Y no sólo es el coste… los vegetales son la única posibilidad de contar con alimento fresco en las misiones, algo que tiene bastante repercusión psicológica en los astronautas. Sin olvidar que pueden proporcionar oxígeno.

Hace justo un par de años, tres astronautas de la ISS degustaban en directo la primera lechuga cultivada en el espacio. El proyecto Veggie de la NASA quizá haya sido el más mediático por tratarse de la primera ensalada espacial, pero no es el único estudio que se está llevando a cabo. «Veggie fue importante porque demostró que las plantas son capaces de crecer venciendo las condiciones de microgravedad, pero desde el punto de vista científico aquel experimento no fue fundamental porque no se estableció cómo lo hacen, es decir, no se estudiaron los factores fisiológicos del desarrollo de la planta ni las claves biológicas de su adaptación a los ambientes de microgravedad», explica Javier Medina, investigador del Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC.

Respuestas genéticas

Su equipo lidera el experimento Seeding Growth-3 que pretende estudiar, precisamente, estos mecanismos que hacen que las plantas crezcan en el espacio (participan las agencias europea, ESA, y norteamericana, NASA, la Universidad de Carolina del Norte, y varios laboratorios europeos). El objetivo es automatizar los procesos biológicos para garantizar que se puede cultivar de forma sistemática en el espacio sin depender, como elemento exclusivo, de la casualidad. Para ello el pasado mes de junio enviaron desde Cabo Cañaveral a la ISS unas cajitas y unas semillas de «Arabidopsis thaliana», una especie emparentada con la col, el nabo y el rábano. Una planta habitual en todo el mundo aunque sin interés agrícola, tan adaptable a condiciones extremas como la alta salinidad de las aguas (un fenómeno cada vez más habitual en el suelo terrestre) y tan estudiada que es algo así como el equivalente vegetal al ratón blanco de la experimentación en laboratorio.


Source: Noticias sobre la Salud

Autor entrada: admin